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Queixo do Cebreiro

El origen del queso Cebreiro se le atribuye a los primeros monjes que se instalaron en el poblado de O Cebreiro para atender el hospital que se construyó a finales del siglo IX con el fin de atender las necesidades de los peregrinos.

A lo largo de la historia fueron muchos los monarcas que degustaron este queso, entre ellos, los Reyes Católicos, Carlos III  e Isabel de Portugal. Un producto que en el siglo XVIII era el queso más caro de España, pagándose la libra a doce reales y doce maravedís, y el cuarto más caro de Europa, después de "Brie" y "Marolles" y los suizos "Neufchatel".

En cambio, en 1989 estuvo a punto de desaparecer, siendo un grupo reducido de mujeres las únicas que lo hacían para autoconsumo en sus casas.

 
Queixo do Cebreiro

En el año 1990 surge la primera quesería artesanal y en el año 1991 se le concede la Denominación de Producto Gallego de Calidad. A lo largo de estos años se trató de darlo a conocer, ofreciendo un producto de cuidada presentación y exquisita calidad, introduciendo garantías higiénico-sanitarias sin perder todos aquellos elementos tradicionales y artesanos que lo hacen peculiar y característico. Un producto totalmente natural al que no se le añaden conservantes ni aditivos.

La zona de producción, tanto de leche como de queso, de la Denominación de Origen Protegida Cebreiro está constituída por el área geográfica que comprende los municipios de Pedrafita, O Caurel, Cervantes, Triacastela, As Nogais, Navia de Suarna, Becerreá, Baralla, Baleira, Castroverde, A Fonsagrada, Láncara e Samos.

 
Queixo do Cebreiro

En la actualidad, son cuatro los productores acogidos a la Denominación de Origen Protegida Cebreiro: Queixerías Castelo de Brañas, S.L., Carmen Arrojo Valcárcel (Queixos Xan Busto), Carlos Reija Fernández (Sto. André) y Enrique Fernández Paradela (Marqués de Cernadas).

Estos quesos se elaboran a partir de leche natural y entera, procedente de ganado vacuno autóctono, concretamente de las razas Rubia Galega, Pardo-Alpina y Frisona.

Aunque existen dos variantes, queso fresco y curado, actualmente únicamente se comercializa la primera, con una maduración mínima de 48 horas. Esta no presenta corteza diferenciada, la masa es blanca y granulada, blanda, argilosa al tacto, untuosa y fundente al paladar. Su sabor y aroma recuerdan a los de la leche de la que procede, ligeremante ácido.

 
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