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Los furanchos: gastronomía de 'casa y de siempre'

Habilitados en las bodegas particulares o en los bajos de las casa, los furanchos son pequeños locales que recuerdan las tabernas de antaño, con vinos y productos fabricados en la casa. "Nuestra especialidad es la empanadilla de choco", comenta Conchi, que trabaja junto con su familia en un furancho cerca de Redondela. "Es un trato al cliente como más familiar", reconoce.
 
El vino se sirve en tazones en los furanchos

"Los furanchos surgieron como una forma de vender el excedente de vino", comenta Conchi, que trabaja en el furancho de la familia desde, - siempre les queda esa duda-, "hace 19 o 20 años".

Habilitados en las bodegas particulares o en los bajos de las casa, los furanchos son pequeños locales que recuerdan las tabernas de antaño, con vinos y productos fabricados en la casa. "Antiguamente la gente traía cestas de comida, empanadas, tortillas, latas de conservas y se reunían para beber una taza de vino", explica Conchi, que vive en la parroquia de Cedeira (Redondela). 

Normalmente lo furanchos llevan por nombre el mote o apelativo de la familia. "El nuestro es el de Manolo de Cenaza", dice Conchi. También llamados "Loureiros" por la ramita de laurel que se ponía en la puerta para informar de que en ese local se vendía vino, los furanchos han tenido que acatar recientemente una nueva normativa de la Xunta, por el que debe de declarar la producción anual de vino.  "Antes pedías un permiso al Ayuntamiento y dependiendo de tu excedente te daban dos o tres meses para su venta, pero ahora tienes que pagar unas tasas de turismo, declarar los litros de vino y las fincas que tienes, para evitar que gente que no tenga vino, abra un furancho".

Sin embargo los furanchos, luchan por mantener su elemento tradicional y familiar. "Trabajamos mis hermanos, mis cuñadas, mis padres, unos amigos de mis padres. Todo queda en familia", ríe Conchi mientras nos cuenta que la palabra furancho provine del "furo" (agujero ancho). "Es el agujero que se hacía cuando tú abrías el barril de vino tras el tiempo de reposo. El vino se prepara sobre septiembre u octubre y se prueba en marzo y abril, cuando se abre el furancho".

 

Curiosamente el vino se sirve en taza y "en las jarras de toda la vida". "Es una tradición coger el vino directamente del barril, no embotellado", dice Conchi, que aunque reconoce que cuando era niña los furanchos no eran tan conocidos como ahora, -"hace veinte años, a 3 kilómetros de Cedeira, la gente no sabía lo que era un furancho"-, los clientes salen muy contentos. "Es un trato como más familiar, ya te conoces de un año para otro".

Aparte del vino (y agua) "para los niños", se ofrecen raciones para acompañar, sobre todo de productos del cerdo: jamón, chorizo, oreja, lomo. "Nosotros sólo ponemos cosas de picar con la mano o con palillo, nada que puedas tomar con cuchillo y tenedor. Por ejemplo empanadas, fiambres, tortillas, chorizos y de postre, tetilla con membrillo".

Nunca faltan clientes que pregunten si "los pimientos de Padrón pican" o si "los chorizos son de casa", a lo que ellos con humor siempre responden: "No, de casa no, son del cerdo".

Cada furancho varía su menú según lo que más demandan sus cliente. "Nuestra especialidad es la empanadilla de choco, que hace mi madre. Y la verdad, que si la gente viene y no hay se mosquean".

En resumen se podría decir que es como "irse de tapas aunque un poco más barato". De ahí, que las Asociaciones de Hosteleros se quejasen ante la Xunta, ya que como reconoce Conchi, "había algunos furanchos que ponían marisco, bacalao a la brasa como si fuese un restaurante". Por ello, se empezaron a crear asociaciones de furancheiros, como a la que pertenece el furancho de Conchi en Redondela, "para ver si todos en conjunto conseguimos tener unas normas unificadas, que permitan mantener el encanto y la tradición, sin meternos en lo que no nos corresponde".

"Nosotros entendemos que tengamos que pagar unas tasas, pero no somos un bar normal, somos furanchos", concluye Conchi.

Por Patricia Jurado